Análisis institucional, decisión cercana.
Cada mandato es único. Lo único constante es el método con que lo abordamos.
Especificidad antes que volumen.
No tratamos de hablar con todos los compradores posibles, sino con los compradores correctos. Cada longlist se construye desde las particularidades de la empresa —no desde una base de datos genérica— y se prioriza por la probabilidad real de que un comprador concreto cierre a un múltiplo competitivo.
Tecnología que amplifica, no que sustituye.
Hemos desarrollado herramientas propietarias que nos permiten analizar cientos de compradores potenciales con la profundidad que habitualmente sólo se aplica a una decena. Pero la decisión sobre con quién hablar, cómo aproximarlo y bajo qué términos sigue siendo del advisor. La tecnología es la palanca; el criterio es nuestro.
Hidden gems sobre la lista obvia.
Los compradores evidentes están en la lista de todo el mundo. El valor de un buen advisor está en encontrar los compradores que nadie más ha identificado —el fondo internacional con tesis específica en su sector, el grupo industrial que aún no ha entrado en Iberia, el family office con apetito por su modelo. Ahí es donde aparece el múltiplo diferencial.
Cercanía con el accionista vendedor.
La venta de una empresa familiar es, antes que una operación, una decisión personal. Acompañamos al empresario en todo el proceso —incluido lo que va más allá del cierre: la transición, el rol post-deal, el legado—. La confianza no es una palabra de marketing: es la condición necesaria para que el proceso funcione.
Cuatro fases. Un calendario disciplinado.
Preparación
Equity story, memorandum de información, base documental de data room. Semanas 1–4.
Originación
Longlist analítico, priorización, aproximación inicial bajo NDA. Semanas 4–8.
Negociación
Recepción de ofertas no vinculantes, due diligence, ofertas vinculantes y selección. Semanas 8–18.
Cierre
Negociación final de SPA, signing, condiciones precedentes, closing y plan post-deal. Semanas 18–24.